El primer día de una clase que lo cambió
todo: ¿queréis saber cómo surgió "la silla de los abrazos"?
Un día de clase, cuando les propuse a mis
alumnos escribir una simple frase, uno de los niños levantó la mano para
confesar, no sin cierto pudor y timidez, que él no sabía escribir.
Era toda una declaración de sus supuestas
limitaciones. Yo no tenía ninguna duda de que habría otros en su misma
situación, y que lo que acababa de decir serviría para el resto. Así que le
respondí: "Todos sabemos escribir, a nuestra manera. Lo único que tenemos
que conseguir és que los demás nos entiendan". Finalmente, el niño
escribió la frase, y se sintió feliz y orgulloso por haberlo conseguido. Al
cabo de los días, su alegría fue creciendo al comprobar que todos le
entendíamos más y mejor.
Era el principio de curso de primero de
Primaria, y nos embarcábamos en el océano del aprendizaje en el barco "El
Cervantes", por el que viajamos a un montón de islas del saber. Si nuestro
periplo tuvo éxito fue porque todos éramos conscientes de que lo importante no
era llegar antes, sino asegurarnos de que el barco llegaba a buen puerto de una
sola pieza. Todos pusimos esfuerzo, ilusión y ganas de aprender, por gusto y no
por obligación. Los deberes se convirtieron en placeres y las obligaciones en
devociones.
Vuelvo al primer día de ese curso:
recompensamos el esfuerzo de ese niño con abrazos intensos, efusivos y
cariñosos por parte de todo el grupo. Tan fuerte fue la oleada de apoyo que
tuvo que sentarse en una silla para poder aguantar la avalancha de entusiasmo.
Así fue como surgió "la silla de los
abrazos".
Estamos en un nuevo año y un nuevo curso, y
nuestra silla, diferente pero igual, preside el aula. Lista para ser el
receptáculo de las emociones intensas que se experimentan a esa edad, y para
ayudarnos en la ruta que seguirá nuestro barco este año.
Antonio Ferrándiz
Fui fotógrafo y a los 46 años decidí
hacerme maestro: es la mejor decisión que pude tomar. Veo la educación como un
lugar de comprensión y acogida, no de imposición y de limitaciones, y lucho por
convertir mi aula en un espacio de diálogo, de creatividad y de desarrollo de
las distintas capacidades de cada niño y niña.
La silla es un símbolo
